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02:32h. Sábado, 20 de Enero de 2018

La semana pasada decidí tomarme un café mientras esperaba a que iniciara el embarque de mi vuelo. Generalmente aprovecho para comprar en el aeropuerto una botella de agua -a precio de Pingus- que pueda llevar a mano durante el viaje. La elección fue fácil, por pura limitación de la oferta: agua de los Alpes franceses.

Sin embargo, según avanzaba en la cola de la cafetería, me encontré con una segunda opción: agua proveniente de manantiales del centro y noreste de la península ibérica. Mejor cuanto más cerca pensé. Y cambié mi primera opción, no sin la esperanza de que el establecimiento me ofreciera una tercera opción originaria de un manantial todavía más cercano antes de llegar a la caja. No fue así.

Una rápida consulta a Google me ofrece el resultado de que las opciones de la cafetería del aeropuerto sitúan el origen de las aguas disponibles entre 671 km y 1.643 km de distancia de donde me encuentro. Una segunda consulta me confirma que Galicia es una de las regiones europeas con mayor riqueza en aguas minerales. De hecho, el 15% de los manantiales existentes en España están aquí. Veo que incluso varias marcas que se encuentran a escasos 100 km de distancia reciben premios internacionales por su calidad, reconociéndolas año tras año entre las mejores marcas de agua envasada del mundo. Excelencia y cercanía. No parece una mala combinación.

La pregunta surge de forma espontánea: ¿por qué transportar desde tan lejos un producto que no me ofrece más valor que otros similares que encuentro mucho más cerca?

Soy un firme partidario de la libre competencia, pero todavía lo soy más de considerar en mis decisiones de compra elementos de conciencia medioambiental y de responsabilidad social que permitan añadir la necesaria componente de sostenibilidad a cualquier propuesta empresarial. Como consumidor, siempre que puedo, me gusta comprar no por origen, si no por cercanía. Allí donde me encuentre.

Soy consciente de que a muchos de ustedes, estos elementos de decisión le sonarán demasiado vagos, lejanos o intangibles. Por eso prefiero destacar otros que sí le sonarán más cercanos, envueltos en un formato de sugerencia sobre la que les pediría que reflexionen en el momento de su próxima compra: busque siempre la mejor calidad que se pueda permitir, venga de donde venga. Pero recuerde, muy cerca de su casa seguramente hay alguien que cultiva, fabrica o crea un producto igual o mejor que el que viene del otro lado del mundo. Eligiendo la opción local estará apoyando a sus vecinos y fortaleciendo la salud económica de su comunidad. Se convertirá usted en un inversor social. Y eso siempre da beneficios.

Juan Tojo es abogado especializado en internacionalización empresarial