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01:42h. Lunes, 23 de Abril de 2018

La reestructuración, un mecanismo de supervivencia para las empresas

Durante toda la crisis que comenzó a partir del 2006, muchas empresas han quebrado o han entrado en el temido concurso de acreedores. Otras han logrado sortear la crisis con decisiones acertadas y bien orientadas que han conseguido que superen el período de turbulencia económica e incluso, algunas han salido fortalecidas y más desarrolladas. Muchas de estas últimas empresas, grandes, medianas y pequeñas en el fondo han recurrido al mecanismo de reestructurar sus empresas.

Pero, ¿qué es reestructurar una empresa? Este proceso, conocido como reestructuración o restructuring es la reorganización y replanteamiento de la actividad de la empresa, tanto a nivel interno en cuanto a su funcionamiento, organización, jerarquía, sistema de producción y otros factores; o a nivel externo, respecto a cómo se posicionan en el mercado, qué mercados buscan o cuál es la imagen de marca que proyectan, todo ello buscando la eficiencia y la rentabilidad.

La falta de alineación del funcionamiento con los objetivos puede llevar a que la empresa poco a poco se desmorone, pierda clientes,  dinero, surjan las tensiones internas, incluso puede acabar en la quiebra total.

Su rol en la economía general

El Informe: “Una política industrial para la era de la globalización”, de la Comisión Europea, advertía ya en 2010 que “la productividad media de la UE se sitúa un tercio por debajo de la de los Estados Unidos: la especialización industrial de los Estados miembros de la UE muestra una dependencia continua de las industrias de cualificación y tecnología medias en lugar de las de altas cualificaciones y alta tecnología. La productividad media de la UE sigue estando casi un tercio por debajo de la de los Estados Unidos. Los estudios sobre la competitividad internacional de los Estados miembros y su atractivo para la inversión exterior directa sugieren que “la competitividad internacional de la UE se está debilitando”.

El tejido empresarial en su conjunto, ha debido emprender medidas que busquen el aumento de la competitividad, especialmente en la industria, lo que obliga a la búsqueda de soluciones para el conjunto de la mano de obra en el país. Por eso, en el Eurofound que estudia el desenvolvimiento de los fenómenos de reestructuración de la Unión Europea, se afirma que “la reestructuración no es un fenómeno nuevo. Siempre ha formado parte del ciclo empresarial normal ya que las empresas necesitan adaptarse para mejorar su competitividad. Con frecuencia la reestructuración se contempla de forma muy negativa, como un fenómeno que produce graves efectos sobre el empleo y las condiciones de trabajo, así como sobre la economía local y regional”. Sin embargo, “si la reestructuración se gestiona con eficacia y eficiencia, puede preservar la empleabilidad de los trabajadores y ayudarlos en su transición a otro empleo de calidad equivalente…”

Por eso, resulta necesario insertar la reestructuración como parte de los mecanismos de adaptación de las empresas y del mismo mercado laboral a los nuevos cambios en la actividad productiva. Es decir, no se produce igual que antes, especialmente debido a la evolución tecnológica, y ambos, empresas y trabajadores deben adaptarse a esta nueva realidad.

La reestructuración en las empresas

La reestructuración debe hacerse mucho antes de que se haga nítidamente evidente su necesidad. Cuando se empieza a percibir que las líneas de negocio se agotan, que las relaciones entre los socios no funcionan, que el producto no es tan bien visto en el mercado como antes, hay que parar la máquina y sentarse a pensar qué está fallando y qué se va a hacer al respecto. Es complicado, sin embargo, evaluar desde un punto de vista global y objetivo a la empresa cuando se es parte de ella y sus circunstancias. El apego emocional y la necesidad de mantener un clima armonioso hace que a veces la solución pase por una opción externa. Puede ser el momento ideal para solicitar la ayuda de un profesional del restructuring.

El restructuring consiste en un proceso de análisis de diferentes aspectos de la empresa: financiero, producción o prestación del servicio, recursos humanos, mercado, competencia, fiscalidad, objetivos a largo plazo… Se trabajará en todos ellos con los miembros de la empresa, con el fin de encontrar las trabas al progreso y devolver el norte al trabajo diario.

El trabajo de restructuring suele ser llevado a cabo por un CRO (Chief Restructuring Officer), un profesional independiente que llega a la empresa con su experiencia y sus conocimientos de años para trabajar en un nuevo sistema que optimice el funcionamiento diario. El proceso incluye medidas que cambien la zona de confort dentro de la institución, es decir la perpetuación de procedimientos no productivos y la toma de decisiones que no siempre son fáciles. Pero no tiene por qué significar una reducción del personal: muchas veces requiere una apertura hacia nuevas formas de trabajo

"Es necesario que alguien independiente se dé una vuelta por la compañía de vez en cuando y vea si se está pagando mucho en maquinaria, si se están sobrecalentando determinados recursos, si hay un exceso de capacidad o si el objetivo de crecimiento no es realista. Los crecimientos son buenos, pero hay que ser conscientes de que pueden venir momentos malos y el CRO puede ayudar a contener la situación", decía Alfonso Junguitu, CRO de KPMG. (Expansión, 12-03-2013).

Aunque se aconseja este mecanismo particularmente a empresas en problemas, es muy habitual también realizar procesos de restructuring en empresas en fase de crecimiento, ya que en muchas ocasiones la estructura actual no está preparada para asumir una carga de trabajo altamente superior, como cuando se empiezan a atender un aumento en el flujo de trabajo por comercio exterior y se debe diseñar una nueva estructura que permita nuevos sistemas de contratación, jerarquía, roles y preparación financiera para poder ejecutar ese crecimiento. El crecimiento debe ser escalable, mantener el balance de las cuentas de ingresos y gastos. Será sumamente valioso para la empresa que ese diseño se lleve a cabo por una persona imparcial y experimentada que sepa organizarlo y una oportunidad no se pierda por ineficiencia.

El proceso de reestructuración

La reestructuración puede sonar a esas cosas que hacen las grandes empresas, fusiones y adquisiciones de miles de millones de euros e inversiones multinacionales que implican ajustes de personal de miles de personas pero nada más lejos de la realidad. Las empresas de nuestro alrededor, las familiares y las llevadas por socios, se ven a menudo en la necesidad de llevar a cabo procesos de análisis de situación en vista de hacer cambios que permitan la sostenibilidad de la empresa antes de que sea demasiado tarde para intervenir.

Se puede dar el caso de una empresa familiar, en la que el gerente y dueño no responde ya a las responsabilidades atribuidas a su cargo, ya que intenta pasar el testigo a uno de sus herederos, que no cuenta con las capacidades para manejar una gran empresa de larga trayectoria. Esto implica lidiar con grandes proveedores, manejar el proceso de producción y gestionar ventas millonarias en diferentes regiones o incluso países. En la misma empresa, el responsable de producción, con décadas de experiencia en su puesto de trabajo, está próximo a la jubilación y no cuenta con nadie que le sustituya a su salida, lo que previsiblemente generará problemas operativos en la actividad de una empresa en proceso de adaptación a nuevos sistemas de producción. Incluso podría suceder que el producto estrella  que supone un alto porcentaje de la facturación está de capa caída por haberse quedado obsoleto o por haber afrontado nuevas ofertas contra las que no se puede competir en precios con el modelo de producción actual.

Cuando se detecta alguna o todas estas situaciones, es el momento de acudir a un profesional de la reestructuración. Este podrá aportar una visión externa del problema, y hará un análisis exhaustivo de estas situaciones, tanto a nivel económico-financiero como de recursos humanos, marketing e industrial, para después marcar un camino a seguir del que formará parte activa.

En el caso de nuestra empresa ejemplo, tal vez sea el momento de ascender a uno de los cargos intermedios de la fábrica, con años de experiencia y buena relación con el responsable de producción, que le transmita poco a poco sus cargas para que pueda asumirlas llegado el momento de su retiro. Por último, se debe decidir si se da un salto de calidad en el producto, buscando competir por arriba, o si se inicia un plan de optimización de la producción, buscando competir en precios, manteniendo o no la línea de calidad anterior de la empresa.

Hay otros muchos ejemplos, como la renegociación de deudas con el banco para comenzar un plan de inversiones, iniciar un proyecto de expansión internacional que requiere una renovación o nuevo reparto de la plantilla… Para todas ellas, un profesional de la reestructuración podrá aportar ese salto de calidad analítico y de toma de riendas que puede definir el éxito o el fracaso de la empresa en el corto y sobre todo, en el largo plazo.

David Martínez Alonso, economista colegiado nº 212

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